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La hoja azul en blanco, nº 22

Revista de creación literaria,

otoño-invierno 2016-2017

 

 

PADRE (*)

Es domingo. Temprano, muy temprano.

Busca el sol, antes de amanecer,

para poder vivir la intimidad

que ahora necesita su proyecto.

Yo lo observo,  callada y escondida

debajo de la mesa.

La cocina suele ser su despacho.

Todos duermen, todos, menos nosotros dos.

Cuando termina al fin,

-aún con el lapicero

oblongado y feliz sobre la oreja-

sale a la calle y ríe con los ojos.

Lleva un libro prendido entre los dedos

y un pitillo en los labios. Él no fuma,

deja que el Celtas cortos

se convierta en ceniza, lentamente,

mientras pasa las páginas de la sabiduría.

Todos duermen, todos, menos nosotros dos.

Ha dibujado el mundo en líneas rectas,

curvas o sinuosas, medidas y perfiles.

Yo no comprendo nada,

aún tengo cuatro años y mucho que aprender.  

Mañana, cuando llegue a la cantera,

pondrá en marcha sus planes de papel

para extraer del vientre de las piedras

escuelas, catedrales, plazas, sueños

que se puedan soñar.

Todos duermen, todos, menos nosotros dos.

Me llama muy despacio

-con el dedo apuntando mi alegría-

y me invita a sentarme junto a él,

en un rito robado y aprendido.

Voy corriendo a su lado

y lo abrazo y lo beso y soy feliz.

Todos duermen, todos, menos nosotros dos.

 

(*) A Juan Santos Álvarez, mi padre, un hombre honesto, inteligente y bueno. Gran lector, actor, cantero. Por todo lo que aprendí junto a él. Siempre me emociono recordándole y sufro cuando sé (no hace mucho que lo sé) que sin ir a la guerra (porque era pequeño de estatura y no fue a la mili) estuvo 9 años en campos de trabajo y de concentración. Lo explotaron, pero no pudieron doblegarlo. Gracias PADRE, has sido muy grande.

2017