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Los 43 Poetas por Ayotzinapa

Ana Matías Rendón, México, 2015

ISBN: 978-607-00-8852-0

 

Mientras siga zumbando el Huitzitzilin (*)

Da miedo cerrar los ojos.

Octavio Paz

I

¿Cómo puede un poema contener estos versos?

Unos versos que gritan en las noches más largas,

en los días más largos, en las penas más grandes.

¿Cómo puede un poema alimentar el llanto de los justos,

intervenir la herida de los muertos,

aprenderse el dolor de los que siempre buscan,

no ignorar la certeza de los necios, la ilusión por vivir?

La vista detenida y los abrazos rojos

inventaron la forma más triste de volar.

Las pruebas se han quedado prendidas de sus alas:

cuarenta y tres latidos temblando en las conciencias.

II

Desde hace varios meses soy septiembre:

soy septiembre por todas las miradas,

en los paisajes públicos, en los  sueños privados,

en la avaricia, el odio, la miseria, los lugares sin nombre

soy septiembre. Soy un septiembre negro,

un septiembre  desnudo e infinito. 

En septiembre detuvo el calendario la razón,

el miedo, la barbarie, el sobresalto,

las antiguas maneras de mentir la verdad.

Y seguimos en círculos, en poemas concéntricos,

atrapados en medio de la nada,

en un verso incompleto colgando del abismo.

III

Lo recuerdo muy bien, nunca podré olvidarlo.

Fui todo el día viernes: por la mañana viernes,

por la tarde fui viernes y por la noche viernes.

Ayer fue viernes, mañana será viernes en pasado mañana.

Un viernes sin futuro ni respuestas,

un viernes veintiséis en medio de septiembre,

un veintiséis sin números, sin letras, sin palabras,

un veintiséis sin luces ni taquígrafos,

sin canciones ni dudas, con las manos manchadas,

un viernes que alargó sus tentáculos siniestros hasta inundarlo todo.

Sí, soy viernes, veintiséis de septiembre,

vivo en la eternidad más absoluta

y seguiré volando, agitando las alas

sin moverme del viernes, veintiséis de septiembre,

hasta que la justicia comprenda la verdad del colibrí.

(*) Los antiguos mexicanos llamaron Huitzitzilin (espina) al colibrí.

Nieves Álvarez Martín