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Narradores de Verbo Azul. IX Antología Como la vida misma (13 relatos) (páginas 7 a 15)

Depósito Legal: M-17557-2010

 

COMO LA VIDA MISMA (13 mini-relatos)

Mi CALLE

Cada día, tras darme una ducha, desayuno, me visto, cojo el bocadillo y, antes de salir de casa, contemplo mi calle. Siempre ha sido así, desde que iba al colegio de pequeño. Ella lo sabe. Me saluda con todas las ventanas abiertas, las bocinas y el humo de los coches, las broncas de mis vecinos y el llanto de los niños –arrastrados por sus madres- para no perder el autobús y llegar pronto al “cole”. Mirar mi calle me regala la primera sonrisa, antes de comenzar la jornada de trabajo.
Hoy, como todos los días, ha sonado el despertador a las siete, me he duchado, he desayunado, he cogido el bocadillo y, antes de salir de casa he abierto la ventana para contemplar mi calle. Pero mi calle estaba ciega y  muda, con las ventanas cerradas y sin el ruido de los coches, las voces de los vecinos, ni el llanto de los niños,... Y, de pronto, me ha dado miedo salir de casa. No podía moverme, ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba todo el mundo?
Justo entonces, escucho la voz de mi mujer. Mi sorpresa es mayúscula, ¡ella entra antes que yo a trabajar!
- ¡Juan!, ¡Juan! (me grita) ¡vuelve a la cama, que no son ni las 8 de la mañana y es domingo!

YO NACÍ MUERTA

Yo nací muerta. Mi madre lloró y no dijo nada. Mi padre no lloró y dijo: ¡mierda! Mi tío consiguió una caja de mazapanes como ataúd. Mi abuela actuó con rapidez; trajo agua fría y agua caliente en recipientes separados.  Sujetó con firmeza mi cadáver por los pies y, en medio de un silencio sepulcral, lo agitó arriba y abajo, dentro y fuera, pasándolo del agua caliente al agua fría, alternativamente, hasta que se escuchó un débil gemido: - ¡Uaaaaaah!
Todos creyeron que había vuelto a la vida. Mi abuela sonrió. Mi padre dijo: ¡diablos! Mi madre lloró y no dijo nada. Mi tío dejó la caja de mazapanes en un rincón y en ella se fue guardando la historia fotográfica de un cadáver feliz: el primer bautizo, el primer día de colegio, la primera comunión,...
Vivía, era cierto, pero comencé a existir muchos años después: ¡Descartes tenía razón!

SI YO FUESE INVISIBLE… (1)
… podría dejar por fin las dietas de adelgazamiento.

ARMARIOS

En mi casa no había cuarto oscuro, pero había muchos armarios. Armarios roperos o cacharreros, de uno o varios cuerpos, con o sin cajones, armarios empotrados y de encastrar; armarios con luna biselada o con media luna; armarios de estilo provenzal, imperio o modernista.
Tenía cuatro años la primera vez que me castigaron al armario. Me encerraron en el armario grande del desván, donde se guardaban las historias pasadas.
Castigo tras castigo, visité todos los armarios de la casa. Equipada con una linterna y un libro, descubrí que los armarios son lugares confortables, en los que resguardarse del mundo real y llegar al mundo de la fantasía. Cada armario tiene una historia que contar, ahora lo sé, las conozco casi todas.

EL ABRIGO NUEVO

- El abrigo es para ir a misa el domingo (dice madre)
- Ya lo sé (digo yo) ¿cómo voy a ponerme el abrigo un día de diario? Sólo quiero probármelo otra vez. 
Tengo muchas ganas de que llegue el domingo. Este domingo es especial. Este domingo estrenaré abrigo nuevo. Bueno..., nuevo, nuevo, no es. Pero es como si fuese nuevo. Madre ha dado la vuelta al abrigo viejo y ahora es de otro color. Además le ha quitado la banda negra de la manga. La que le puso hace tres años, cuando murió mi hermano. Entonces tenía cuatro años y un abrigo nuevo, pero nuevo, nuevo de verdad.

RELACIÓN GRAMATICAL

Hace tiempo que me aburre el juego absurdo de los significados gramaticales. Me aturde tu verborrea; ese pozo sin fondo de morfemas por el que te deslizas con maestría y que antes adoraba. Y digo ¡basta! ¡basta en presente! ¡basta a los dobles sentidos, a las palabras esdrújulas y yuxtapuestas, a los pretéritos perfectos, a las oraciones coordinadas y subordinadas, a los adjetivos calificativos y a las engañosas preposiciones! ¡Me revientan tus eternos pronombres personales: yo, mi, me, conmigo! Nunca quise tu gratitud, porque el amor superlativo que te regalé, a manos llenas, siempre fue gratuito. Ya no hay vuelta atrás. El pasado se fue, el presente acaba aquí y el futuro no existe contigo. Desaparezco del universo de tu escritura, porque no soporto tus absurdas exclamaciones, tus interrogaciones infinitas, tus registros vocales permanentes. ¡Por favor no seas ingrato! Prefiero que me odies, ya que nunca supiste amarme.   

SI YO FUESE INVISIBLE… (2)

… iría contigo a una de esas interminables reuniones nocturnas de trabajo. ¿Qué te parece, cariño?

MONÓLOGO 1

¿Qué no sabes lo que quiero? Lo que me faltaba por oír. Estoy cansada, de verdad, ya no eres el mismo de antes. Te lo he dicho de mil formas diferentes, por activa y por pasiva, del derecho y del revés, pero nada, ¡no te enteras! ¿Estas sordo o qué te pasa...? Sí, claro, eso debe ser, estás       sordo, de lo contrario es imposible. Y te lo digo como lo pienso, esto tiene que terminar. En serio, no estoy dispuesta a seguir así por más tiempo. Pero antes, me gustaría saber una cosa ¿Es que pretendes que te diga lo que quiero con palabras? ¿Es eso?

GOLONÓMO 2

Lo que roequi cirde lo que te ytoes doencidi es que me aritagus que no senefu asrisacene las braslapa rapa que me rasediprencom. Moco tesan ¿Ytoes doendipi doasimade? Lo que roequi es que mostevenin un voenu jeagulen, troo maodii, moco doancu mosraé ñosquepe. Trasenmi totan no te pescuopre, tedaqué hía dotasen que yo réi a rarti la rasuba.

EL DIAGNÓSTICO

Hoy he ido al médico. Su diagnóstico ha sido muy curioso, afirma que debido a la medicación que tomo para la hipertensión, tengo el ventrículo izquierdo un poco dilatado y padezco una ligera insuficiencia respiratoria. Pero, en realidad, lo que no sabe el médico es que yo gozo de una estupenda salud, que ni tengo hipertensión, ni el corazón ni el pulmón que ha auscultado son míos, sino de una señora de sesenta años, que se parece mucho a mi madre, que desde hace algún tiempo me suplanta en todos los espejos y que hoy ha tenido la osadía de suplantarme incluso en el médico.

EL AMANTE

Los domingos, después de misa mayor, mis amigas y yo subíamos a la estación para ver pasar los trenes que nunca paraban en mi pueblo. Jugábamos a elegir un vagón y saludar a un único pasajero. El objetivo era conseguir que nos devolviese el saludo. Luego, cada una de nosotras, contaba algo especial del viajero elegido.
El último día que subí a la estación, antes de ir al internado, elegí el último vagón. En él había un único viajero que iba leyendo. Parecía difícil la misión de conseguir un saludo. Pero lo logré. Justo al pasar a mi lado me saludó levantando el libro por los aires y mirándome fijamente hasta que perdí de vista el tren.
Dije a mis amigas que en la portada del libro estaba escrita la palabra “Amante”. Ellas no me creyeron.
El Amante, de Marguerite Duras, fue el primer libro que leí de mayor.

SI YO FUESE INVISIBLE… (3)

…¡ah!, ¿pero no lo soy?

MISTERIO SIN RESOLVER

 Mi número de teléfono hace años perteneció a una compañía eléctrica. Algunas personas, sobre todo mayores, llaman, y sin esperar respuesta, cuentan de un tirón sus problemas de luz o de oscuridad. He coleccionado todo un muestrario de historias, de comunicantes y de soledades.
Ayer llamó una señora que llevaba varias horas sin luz porque no había podido contactar conmigo, (es decir con la “electra”). Su voz era muy dulce, casi infantil a pesar de tener 99 años. Se llamaba Mercedes y vivía sola, por eso me ofrecí a ayudarla. Muy contenta, y como si recitase un poema aprendido de memoria, me dio su número de teléfono y su dirección.
En la compañía eléctrica me dijeron que no había ninguna avería en esa zona. Llamé a Mercedes y comunicaba, volví a intentarlo una y otra vez, pero seguía comunicando. Imaginé que habría dejado descolgado el teléfono cuando habló conmigo. Pero, a medida que transcurría el día y el teléfono seguía comunicando, comenzaron a obsesionarme otras posibilidades. Por eso esta mañana he ido a su casa. No había nadie en el piso, el portero dice que hace casi diez años que vive allí una pareja joven, sin hijos. Tampoco conoce a ninguna Mercedes que viva en otro piso y lleva allí más de 40 años. Su teléfono sigue comunicando.