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infantil
 

El libro Infanil IV. Verbo Azul. ¿Gatos o personas? (páginas 107 a 114)

Depósito Legal: M-17561-2010

 

¿GATOS O PERSONAS?

1.- ANDREA
- Andrea, se llama Andrea (grité al verla llegar y corrí a su lado)
- Sí, me llamo Andrea, mamá, (dijo ella y se subió a mi espalda)
Efectivamente, se llamaba Andrea y estaba aquí para quedarse.
Era pequeña, dulce, alegre, traviesa… Los muebles, las cortinas, las camas, los sillones, todos los lugares de la casa pasaron por el tacto único de sus antenas parabólicas y de su olfato. Es la perfecta espía, la primera en descubrirlo todo. No entra nada nuevo en nuestra casa que ella no vea antes que nadie.
Andrea me llamó mamá porque desde ese día soy su mamá. Os sorprende ¿verdad?
Es cierto, es sorprendente, pero… hay algo muy importante que tenemos que saber sobre los gatos: ellos piensan que nosotros, todos nosotros, también somos gatos. Unos gatos muy grandes.
Y tenemos que saber también que nadie puede “tener” a un gato. Son ellos los que nos “tienen” a nosotros. Son ellos los que eligen. Cada gatito o gatita elige a una persona, la adopta, y a esa persona es a la que quiere más, a la que obedecen, a la que echa de menos cuando no está. Hay gatos que quieren a varias personas, pero a una de esas personas es a la que quiere como a una madre.
Andrea me adoptó a mí. Yo he sido siempre la gatita de Andrea. Soy la gata madre, la persona más importante del mundo para ella. Ha depositado en mí su confianza. Y yo no la he defraudado nunca.
Un día Andrea se enamoró de un precioso gatito y… comenzó a engordar.
- ¡Qué alegría!, ¡vas a tener gatitos! (dije yo)
- ¡Que alegría!, voy a ser mamá y tú serás abuela (dijo ella)
Era cierto. Me emocioné, os lo aseguro. Andrea me miraba a mí y yo la miraba a ella con mucho cariño. Me senté y ella se subió, como suele hacer, a mi regazo y me acaricio (sin uñas, ha aprendido a meter la uñas para dentro para poder acariciar). A veces, se cuelga de mi cuello lo mismo que una niña mimosa y ronronea cerca, muy cerca. Parece que el corazón se le va a salir por todos los poros de su cuerpo.
Una noche, eran sobre las cuatro de la madrugada, Andrea abrió tres puertas para llegar a mi cama. Maullaba dolorosamente. Buscaba mi ayuda. Supe que había llegado el momento. Asustada me levante y la seguí. Sabía que estaba a punto de tener sus gatitos. Andrea me miraba con los ojos muy abiertos:
- ¿Qué me está pasando? (preguntaba ella)
- Lo que pasa es que esta noche vas a ser mamá y yo abuela (respondí yo)
Luego la llevé al lugar que Miguel y yo habíamos preparado, con mucho cariño, para este momento. Era un lugar confortable, tenía telas, almohadas, papeles… Pero ella no quiso quedarse allí, salió corriendo y se escondió en un hueco que había detrás de un mueble. Me asomé y descubrí que ella también había preparado un lugar muy confortable, con papeles y telas, el lugar en el quería que naciesen sus hijos. El instinto la hizo buscar un lugar resguardado y seguro.
Los gatitos nacieron. Enseguida pudimos ver a Currita, a Yimi y a Yoni.
Andrea fue la madre más buena del mundo. Les tomaba del cuello para trasladarlos cuando sentía algún ruido. Les amamantaba, les abrazaba, lavaba su cara y sus diminutos cuerpecitos, les hacía caminar. Y cuando llegó el momento les dejó libres. 
Nosotros preparamos una casita de madera en el jardín y les cedimos una estupenda terraza al lado de la casa. De esta forma estaban libres, como quería Andrea, y protegidos siempre como queríamos todos.
Cada cierto tiempo vamos de visita al veterinario. Él nos dice que son unos gatitos muy saludables y muy cariños. No saben arañar, sólo saben acariciar

II.- Yimi, Yoni y Currita
María llegó a casa más tarde que Andrea y desde que llegó soy más feliz. Es una niña preciosa, dulce, inquieta y muy, muy cariñosa. Es mi nieta humana. Ahora tengo cuatro nietos: María, Yimi, Yoni y Currita.
Yoni es un gatito un poco autista, pero lo hemos integrado muy bien en la familia.
Currita es muy pequeñita, traviesa y… un poco pegona. A veces se enfada y cuando se enfada bufa y dice: fuuuuuuuuuuuuuu.
Yimi es muy listo y ha aprendido (mucho mejor que los demás) a convivir con las personas.  Es muy bueno y nunca ha arañado a nadie. Le gusta mucho jugar y chuparle la oreja al abuelo de María.
Le hemos llevado en dos ocasiones al colegio de María. La clase se convirtió en una fiesta y Yimi se portó como un campeón, dejándose acariciar y acariciar y acariciar…
Yimi es como un osito de peluche. Ha elegido a María. María, desde que era muy, muy pequeña, se convirtió en la gatita de Yimi. Y Yimi en el gatito de María.
Cuando María está en casa, Yimi se pone muy contento y acaricia a María y quiere sentarse en sus rodillas. Hace todo lo que le dice María.
Yimi es muy hablador. María y Yimi hablan mucho entre ellos.
Sí, habéis oído bien, Yimi habla y dice muchas cosas. A veces ronronea, eso quiere decir que está muy feliz y alegre. Pero no se enfada nunca.
¿Quieres conocer el vocabulario de Yimi? El básico es muy sencillo, verás:
- miaaaaaaaaaaaaau, (quiere decir que te está buscando, que quiere estar a tu lado, que necesita mucho cariño).
- miiiiiiiiiiiiiiiiau, (eso quiere decir que tiene hambre y no tiene comida, te está buscando para que pongas comida en su plato)
- miauuuuuuuuu, (eso singnifica que quiere hacer pis y su water está sucio, que tienes que limpiar la tierra en la que hacen sus necesidades).
Los gatitos y las gatitas son muy, muy limpios. Se lavan continuamente. Y les gusta hacer pis en un lugar aseado, en el que haya tierra o piedrecitas muy pequeñas.
Sólo hablan con las personas. Entre ellos no hablan, se entienden de otra forma: con la mirada, con el pensamiento, con los ritos. También saben decir otras cosas, con la cara, con los ojos, con las orejas, con el cuerpo entero, pero eso se aprende viviendo a su lado.
¿Quieres saber que quiere decir Yimi con sus orejas?, te lo contaré:
Cuando se inclinan hacia delante es porque está relajado y explorando su territorio. Si las orejas las tiene hacia abajo indica agresividad (Yimi nunca pone sus orejas así, pero Currita sí). A veces las tiene plegadas hacia atrás, eso significa, normalmente, que tiene miedo de algún tipo de agresión. En el caso de Yimi es porque le está hablando Miguel.
¿Quieres saber lo que dice con sus ojos?
Si tiene los ojos casi cerrados es que siente un gran placer. Si sus pupilas están muy dilatadas es que siente miedo.
Andrea, a Yimi, a Yoni o Currita saben lo que me pasa a mí sólo con mirarme. Peto yo también se lo que les pasa al mirarlos:
Cuando están contentos tienen los ojos casi cerrados y las  orejas hacia delante. Cuando están muy atentos a lo que les estoy diciendo, tienen los ojos muy abiertos y las orejas hacia delante. Cuando están asustados tienen las orejas recogidas hacia atrás. Cuando siente curiosidad  tienen las pupilas dilatadas y las orejas hacia delante; si están irritados colocan sus orejas hacia atrás, las pupilas contraídas y los bigotes hacia delante. Cuando están agresivos veo que tienen las pupilas dilatadas y la boca abierta para enseñar los dientes.
Currita, a veces enseña los dientes, Yimi no. A Yimi le gusta mucho lamer la oreja de las personas a las que quiere.
¿Tú tienes un gato o una gata en casa? Pues obsérvalo detenidamente y sabrás lo que te está diciendo. No le hagas daño nunca, que sepa que le quieres proteger, acaricia su cabeza y su lomo, no le pegues nunca. Piensa que los gatos son seres vivos, unas “personitas” especiales que nos quieren y nos hacen compañía

EPÍLOGO:
¿Quieres saber cuánto puede vivir un gato? Te lo cuento:
Los gatos viven 5 veces menos años que las personas. Por ejemplo, si una persona puede vivir 100 años, un gato puede vivir 20. Andrea ha vivido 16 años y ha sido muy feliz con nosotros. Nosotros con ella también.
Los gatos, como las personas, necesitan mucho cariño y mucho cuidado. Sólo las personas que estén dispuestas a cuidar a los animales deben tener animales en su casa.
¿Tú tienes algún animal en casa? Si lo tienes debes cuidarlo ¿vale?, no maltrates nunca a un animal. Los animales domésticos son una fuente de alegría.