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UN LIBRO PARA RAMÓN

Tantín ediciones

Santander (2013)

 

El señorito inglés (páginas 31 a 42)

primera página

                                                   I

Lo recuerdo como si fuese ayer. La casona familiar es un palacio. Sus múltiples pasillos desiertos in-comunican las habitaciones. Uno puede perderse y encontrarse en un lugar distinto cada día.

En el jardín, siempre verde, las hojas no recitan poemas, los susurran en caricias de viento, y los árboles son como gigantes a punto de empezar una batalla.

Junto a la entrada norte, hay un columpio grande y un pozo pequeño, con tapa y candado. Es negro y hondo. Bueno, eso dice mi prima, porque yo no lo he visto, abierto, nunca. También dice que allí se ahogó un niño, hace muchos años. Y dice que ese niño era nuestro tío. Claro que nosotros, no sabemos si es cierto, de ese tema no se puede hablar. Su fotografía preside el saloncito donde se toma el té. Justo enfrente, en una mecedora de mimbre, se sienta mi abuela por las tardes.

Desde que volvimos de Londres (de ese tema tampoco podemos hablar), mi madre y yo venimos aquí los veranos. También vienen mi tío Andrés y mi prima Laura. Mi abuela se pone muy contenta cuando nos ve llegar. Pero luego, refunfuña y maldice por lo bajo. Además, se pasa el día diciendo a todo el mundo lo que tiene que hacer. Se siente imprescindible. Los criados dicen que sí y hacen lo que quieren, lo mismo que nosotros.

Hace ya mucho tiempo que mi abuelo no está, pero ése es un tema del que tampoco puede hablarse en esta casa. Mi abuela está sola durante todo el año. Bueno, sola y acompañada de Felisa, el ama de llaves, que vive con ella desde antes que naciese mi madre. Mi abuela siempre dice que Felisa es su mano derecha y una más de la familia. Pero sigue comiendo en la cocina, viste de uniforme y le trata de usted. Claro, que de este tema tampoco se puede hablar. Aquí está prohibido hablar de muchas cosas.

A mí me gusta estar en la cocina con Felisa. A veces me cuenta historias. Otras veces no me las cuenta a mí, directamente, pero yo la escucho hablar con mi abuela, con mi madre, con los criados. Me gusta escuchar lo que dicen. La cocina es el lugar de las confidencias. Yo me escondo y lo escucho todo.

Los criados, me llaman el señorito inglés. Sé que lo dicen porque nací en Inglaterra. Lo que no sé es por qué nací allí y no aquí, en Cantabria. Mi madre dice que por casualidad, pero yo no la creo ¿cómo se puede nacer en Londres por casualidad? Ella me contesta que soy muy pequeño, que cuando tenga edad para entenderlo todo, me lo contará.


 

Dedicatoria:

A Ramoncín Viadero,

grandísimo intelectual,

comprometido y genial,

un magnífico viajero.

Que lo sepa el mundo entero:

es periodista, escritor

y extraordinario mentor

de las mujeres que escriben.

En sus textos sobreviven

los muertos mucho mejor.

Gracias amigo Ramón,

cuentas con mi admiración.