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Miguel
 

Centeneario. Homenaje 1910-2010 Miguel Hernández, POETA. Diálogos cruzados (páginas 23 y 24)

Ayuntamiento de Alcorcón. Asociación Literaria Verbo Azul

 

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios.
Miguel Hernández

Diálogos cruzados

Mírame, padre, mírame.

Ya sé leer, ya sé escribir, ya sé…
contar los ríos, recitar los montes,
aprender de memoria las palabras secretas,
las manos de los muertos, el dolor de los vivos,
el diccionario mudo de los días
que llevan en sus páginas tu nombre.

Mírame, padre, mírame.

Si me miras  me asaltan otras bocas:
fantasmas que recrean el teatro del miedo,
enigmas clandestinas que susurran y callan.
Gritos cerca del mar.

Mírame, padre, mírame. En tus ojos existo.

La niña de las trenzas se pregunta
los porqués de fusiles y derrotas,
los porqués de naufragios sin papeles,
los porqués del amor y de la muerte,
los porqués de la nada, los porqués.

Y busca las respuestas, prendidas en el bajo de su falda,
en el tacón de aguja de los sueños que no pudo soñar.

Mírame, padre, mírame. Si no me miras dejo de existir.

Vuelvo a desenfundarme y desvivirme,
a desclavar los labios de tu boca, a consumir el último suspiro,
a vestirme de negro —triste el blanco—
a pellizcarme vuelvo, para saber que hay piel tras de tu piel.

Vuelvo a no ser sin nombre,
a ser desnuda un tiempo sin palabras,
a ser guerra perdida y paz sin guerra,
a ser presa del miedo y de las sombras,
a no ser, a no ser, vuelvo a no ser.

Luego presiento un llanto de paraguas sin luna,
un desfile de tibias y esqueletos
y de dientes y de pechos de luz y de sirenas.

Y sé que estás aquí, Miguel, resucitando.

Mírame, padre, mírame.
Mira mientras aprenden a reír las cebollas.